Duelo oncológico: Pérdidas por cáncer

Duelo oncológico: Pérdidas por cáncer

Octubre es el mes rosa, el mes de la prevención del cáncer de seno a nivel mundial. Según la OMS, el cáncer de mamá es el tipo de cáncer más común, una de cada 12 mujeres enfermará de cáncer de mama a lo largo de su vida y es la principal causa de mortalidad para ellas. No obstante, también lo padecen algunos hombres. Desde 1980 se han realizado importantes avances en la prevención y el tratamiento de esta enfermedad. La detección temprana es fundamental para un buen pronóstico. Te invitamos a realizarte revisiones periódicas, seas mujer u hombre.

El cáncer es una enfermedad que afecta al doliente y a toda la comunidad que le rodea. Los familiares y amigos también se alteran con la noticia y la experiencia. Por lo tanto, alrededor del cáncer ocurren distintos duelos:

En primer lugar, el duelo de salud de las personas diagnosticadas con cáncer. Inesperadamente deben enfrentar que ya NO están sanas, que la vida tiene forzosamente que cambiar, que tienen que sobrellevar el tratamiento y que existe un riesgo real de morir en la batalla. Inicialmente la abrupta conciencia de vulnerabilidad y finitud genera desconcierto, pánico, frustración e impotencia. Es necesario un proceso paulatino de aceptación, de evaluación de recursos y expectativas, de ajustes en la vida que se tenía, de toma de decisiones sobre cómo emprender la lucha por la vida.

También está el duelo que viven los familiares y amigos al enterarse de que su ser querido tiene cáncer. La simple palabra genera terror. Implica reconocer y aceptar que esta persona necesitará entrar a una etapa de terapias exhaustivas, demoledoras y sin garantes, que durante el tratamiento no tendrá el estado físico óptimo para desenvolverse por sí misma y menos cuidar de otros, como los hijos pequeños, que requerirá apoyo, cuidados y ayuda, y que aun con ello, probablemente pueda morir. La vida del paciente y su círculo cercano se llena de retos, incertidumbre y otras incontables pérdidas como, por ejemplo: algún órgano o parte del cuerpo, vitalidad, capacidad física, estado de ánimo, autonomía, rol dentro de la familia, algunas actividades cotidianas, la sexualidad, relaciones y actividades sociales, proyectos de vida, el empleo, la economía, etc.

Por otra parte, debemos considerar el duelo que ocurre cuando lamentablemente se declara perdida la guerra, cuando el médico tras innumerables intentos anuncia que el cáncer ha invadido a tal nivel que no hay más que hacer, que las horas están contadas, que se aproxima la muerte. Entonces, tanto el médico, como el paciente y sus allegados, pierden la esperanza. Es tiempo de aceptar el desenlace, valorar y agradecer lo vivido, cerrar los asuntos pendientes, tener reconciliaciones, prepararse para partir, dejar todo resuelto.

Por último, está el duelo de los que se quedan después del fallecimiento del paciente con cáncer. Aunque generalmente esta muerte es anunciada y no súbita, no deja de ser sumamente dolorosa e impactante. Inicialmente hay un descanso después de experimentar la agotadora batalla contra la enfermedad, de los cuidados paliativos, de atestiguar el desgaste y deterioro, pero también se evidencia el dolor de la ausencia, de la falta, del tortuoso vacío que queda. Es tiempo de aceptar, soltar, adaptarse y aprender a vivir con los mejores recuerdos. Abrazar la vida con todo el entusiasmo en honor a aquella persona que ya se ha ido.

¿Qué hacer frente a estos duelos?

  • Aceptar las circunstancias y reconocer las bendiciones que sí tenemos
  • Identificar las oportunidades, fortalezas y apoyo que se tienen para la lucha contra el cáncer
  • Aceptar que se necesita ayuda y dejarse ayudar
  • Ser paciente y resolver una cosa a la vez y un día a la vez
  • Fortalecer el cuerpo con buen descanso, alimentación y ejercicio, de acuerdo a la orientación médica
  • Construir una red de apoyo de varias personas para ayudar al enfermo. Evitar el síndrome de fatiga por compasión.
  • Expresar las emociones frente a la enfermedad y las pérdidas
  • No aislarse
  • Buscar un grupo de apoyo o psicoterapia
  • Establecer una rutina y un estilo de vida que le sea agradable y motivante
  • En caso de enfermedad terminal, realizar una preparación para la muerte
  • Aprender a no aferrarse; soltar, aprovechar lo mejor de lo que hay, adaptarse.

Fanny Bernal Orozco
Psicóloga, experta en duelo del Centro de Duelo 

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